Blog
Sigue la actualidad vinculada a HSE, personas y organización


LiderazgoPersonas25 de mayo de 2023

¿Cómo ser un buen líder?

Para hablar de la buena gestión de un equipo y de cómo ser un buen líder, quiero referirme a una idea que para mí resulta clave. Juan Navarrete, HR & Organization senior advisor, me dio a conocer ya hace unos años el concepto de followership. En concreto, me puso al corriente de las reflexiones de John S. Mc Callum en su artículo de 2013, Followership – The other side of the leadership.

Fue muy revelador para mí porque ponía nombre a una idea que he ido consolidando con los años de práctica profesional: no hay líderes sin followers. Esta afirmación, que parece una obviedad, tiene muchas derivadas para todas las personas que no creemos en liderazgos empresariales autoritarios ni en jerarquizaciones extremas.

Las principales características de un buen líder

A continuación, desarrollo algunas de las reflexiones que he podido compartir con personas que, en algún momento, han querido parar para (re)pensar su forma de dirigir a otras personas y equipos:

  1. Humildad. Esta debería ser una de las principales cualidades de un buen líder. A medida que vamos consolidando la posición y acostumbrándonos a las dinámicas cotidianas, es fácil caer en un cierto elitismo profesional; podemos tener tendencia a distorsionar la realidad y terminar pensando que el liderazgo es una especie de “designio divino”, que nos lo merecemos. Va bien, de vez en cuando, recordar que otras personas de la organización pueden desarrollar nuestra función tan bien como nosotros… o mejor.
  2. Igualdad. Implica construir relaciones líder-follower basadas en el respeto y la exigencia de derechos y deberes mutuos. Muchos de los conflictos o ineficiencias de los equipos se originan cuando se rompe el equilibrio. Por ejemplo, quien lidere sólo desde los derechos puede tender a comportamientos autoritarios o escuchar poco al equipo, y un followership concentrado en los deberes puede terminar perdiendo la capacidad de discrepar. Las relaciones de igualdad hacen crecer a los equipos, de verdad.
  3. Temporalidad. Cada vez es más frecuente que el liderazgo no sea un “cargo para toda la vida” (dejando de lado la política 😊). En muchas organizaciones, se ejerce durante un tiempo y, a veces incluso, después se vuelve a ser un follower más del equipo que se ha liderado. En cualquier caso, verlo como una función con fecha de caducidad ayuda a afrontarlo con actitud ecológica: los liderazgos extractivos o de tierra quemada, consideraciones éticas de lado, nos pueden estallar en la cara.
  4. Responsabilidad. No importa qué estilo prefiramos (participativo, directivo, persuasivo, dejar hacer, coach…): cuando aceptamos el rol de dirigir a otras personas tenemos que asumir que somos la persona que responderá de éxitos, de fracasos, de conflictos, de incumplimientos… de todo lo que corresponda a nuestro nivel de responsabilidad. Conviene recordar lo que sentimos como followers, cuando nos cargan con responsabilidades que no nos corresponden. Las tareas se delegan; la responsabilidad, no.
  5. Privilegio. ¿Qué podemos aportar, si vivimos el liderazgo como una carga o como una prueba solitaria que tenemos que soportar? ¿Realmente el estatus o el incremento salarial nos compensan, si no podemos dejar de ver al equipo como un problema? Cuando hablamos de las cualidades de un buen líder, tenemos que considerar que también hay que disfrutar de las relaciones humanas y de los aprendizajes que compartimos cuando tejemos este vínculo de interdependencia entre líderes y followers. Además, hay que recordar que las emociones se contagian.
  6. Obligación. Y, a veces, simplemente nos toca y (creemos que) no podemos decir que no a liderar un equipo. De hecho, en estos casos, hay un poco de sombra de chantaje emocional: nos lo piden como un favor personal, nos dicen que han hecho mucho por nosotros en el pasado y que ahora tocaría… Suelen ser situaciones en las que urge cubrir una vacante interna y no hay vocaciones. En fin, ¿os suena? Puede ser una decisión incómoda y abrir la puerta a un liderazgo difícil de gestionar.

Un paso adelante cuando consideramos cómo liderar un equipo de trabajo

Sea como sea, las personas que lideran en las organizaciones son un reflejo de su cultura y de sus followers. Hemos normalizado los planes de desarrollo directivo y la implantación de modelos de liderazgo, pero definir y potenciar el modelo de followership también es muy relevante y una de las claves cuando hablamos de cómo ser un buen líder. Es una buena manera de desafiar a los roles directivos para que generen su mejor versión y de garantizar la disponibilidad de candidatos y candidatas de calidad para nuevas posiciones de liderazgo.

Albert Rimbau